Artículos y Reflexiones

Manifiesto Rosacruz de 1615

 

MANIFIESTOS ROSACRUCES

I. FAMA FRATERNITATIS
o el
Descubrimiento de la fraternidad de la muy noble
Orden de la Rosa Cruz

 

 

 

 

 

Vemos que el único sabio y misericordioso Dios en estos últimos días ha dispensado tan ricamente su misericordia y bondad a la humanidad, para que alcancemos un conocimiento más y más perfecto de su Hijo Jesucristo y de la naturaleza, de manera que con razón podemos hacer alarde de vivir en una época feliz, en la cual no únicamente nos es dado conocer la mitad del mundo que hasta ahora era desconocida y estaba oculta, sino que también nos ha permitido percibir muchas obras y criaturas de la naturaleza, maravillosas y hasta ahora nunca vistas, y además ha elevado a los hombres, empapándolos de gran sabiduría, para que en parte renueven y transformen todas las artes (que en nuestra época son tan imperfectas y defectuosas); de manera que así, por fin, el hombre pueda comprender su propia nobleza y valor, y por qué se le llama microcosmos, y hasta dónde se extienden sus conocimientos de la naturaleza.

Pero esto no será del agrado del grosero mundo, que se reirá y burlará; pero también el orgullo y la codicia de los que saben son tan grandes, que no les permitirán ponerse de acuerdo; en cambio si se unieran, de todas estas cosas que con tanta largueza Dios nos está dando en nuestra época podrían sacar el Librum Naturae, o sea el método perfecto para todas las artes; pero es tal su oposición, que conservan y por ningún motivo quieren abandonar sus viejas ideas, estimando a Porfirio,(1) a Aristóteles y Galeno, sí, y a quien sólo tiene una vaga idea del conocimiento, más que a la luz clara y manifiesta y a la verdad; porque estos sabios, si estuvieran ahora en vida, con júbilo abandonarían sus erróneas doctrinas. Pero aquí hay demasiada debilidad para semejante paso. Y aunque la verdad se oponga(2) en el campo de la teología, de la física y de las matemáticas, siempre el antiguo enemigo demuestra su presencia con las sutilezas y artimañas con que obstaculiza todos los buenos propósitos, mediante sus instrumentos y la gente que crea continuamente dificultades. El devoto y muy iluminado padre, nuestro hermano C. R., alemán, el principal y original de nuestra fraternidad, había trabajado mucho tiempo intensamente en este proyecto de reforma general; por su pobreza (aunque era hijo de padres nobles) C. R. fue enviado a los cinco años de edad a un monasterio, donde aprendió perfectamente las lenguas griega y latina, y (por un deseo muy vehemente y a su propia solicitud) fue encargado por su tierna edad al hermano P. A. L., quien estaba decidido a hacer un viaje a Tierra Santa.

Aunque el hermano P. A. L. murió en Chipre y nunca llegó a Jerusalén, nuestro hermano C. R. no emprendió el viaje de regreso, sino que se embarcó con rumbo a Damasco, pensando luego dirigirse a Jerusalén; pero por la debilidad de su cuerpo se quedó allí algún tiempo, ganándose un gran favor de los turcos gracias a sus conocimientos de física y ciencias naturales. Entre tanto hizo amistad casualmente con los sabios de Damasco de Arabia, y vio los prodigios que hacían y cómo la naturaleza se iba descubriendo ante ellos; esto entusiasmó tanto el alto y noble espíritu del hermano C. R., que en esa época pensaba más en Damasco que en Jerusalén. No pudiendo dejar de satisfacer sus deseos por más tiempo, hizo un trato con los árabes para que lo llevaran a Damasco a cambio de una cierta suma; cuando llegó a esa ciudad no tenía más que dieciséis años, aunque tenía una fuerte constitución alemana. Allí fue recibido por los sabios (como él mismo declaró) no como un extraño, sino como alguien que hubieran estado esperando hacía mucho tiempo. Lo llamaron por su nombre y le hablaron de otros secretos de su monasterio, cosa que lo maravilló enormemente. Aprendió mejor ahí la lengua árabe, tanto que al año siguiente tradujo a un buen latín el libro M., que luego se trajo en su viaje de regreso. Éste fue el lugar donde aprendió física, ciencias naturales y matemáticas, de lo cual el mundo debería alegrarse con justa razón, si hubiera más amor y menos envidia. Tres años después regresó con buena voluntad, y se embarcó en el Seno Arábigo rumbo a Egipto, pero no permaneció allí mucho tiempo, sólo el necesario para registrar mejor las plantas y animales. Navegó por todo el Mediterráneo para llegar a Fez, como le habían indicado los árabes. Y es una gran vergüenza para nosotros que sabios que viven tan alejados los unos de los otros no sólo sean de una misma opinión en su odio por los escritos contradictorios, sino también que estén tan dispuestos a compartir sus secretos, bajo el sello de secreto.

Cada año los árabes y los africanos se escriben cartas para pedirse informes sobre las artes que practican y para preguntarse si felizmente han descubierto algo interesante o si la experiencia ha debilitado sus razones. Todos los años algo viene a la luz, de modo que se van modificando las matemáticas, la física, las ciencias naturales y la magia (en la que son muy hábiles los que están en Fez). Y como en Alemania actualmente no faltan los sabios, magos, cabalistas, médicos y filósofos, si entre ellos hubiese sólo más amor y gentileza la mayor parte no se quedaría con sus secretos sin comunicárselos a nadie. En Fez conoció a los que comúnmente se llaman Habitantes Elementales, quienes le revelaron muchos de sus secretos. Nosotros los alemanes también lograríamos grandes cosas si hubiera una unidad semejante y el deseo de descubrir secretos entre todos.

Respecto a los de Fez, en muchas ocasiones confesó que su magia no era del todo pura y que su cábala estaba contaminada con su religión; pero a pesar de esto él supo emplearlas bien, y encontrar un terreno todavía más firme para su religión, de acuerdo con la armonía del mundo entero y prodigiosamente grabada en todos los periodos del tiempo. Y de allí resulta ese suave acuerdo, así como en cada semilla está contenido todo un gran árbol o fruto, de que igualmente en el pequeño cuerpo del hombre está comprendido todo el gran mundo, cuya religión, política, salud, miembros, naturaleza, idioma, palabras y obras están de acuerdo y son afines y tienen una tonada y melodía igual a la de Dios, del Cielo y de la Tierra. Y lo que está en desacuerdo con éstas es error, falsedad y del Diablo, que es la única causa primera, media y última de las luchas, la ceguera y la oscuridad que hay en el mundo. Y también, si se examinan todas y varias de las personas de la tierra, se descubrirá que todo lo que es bueno y recto siempre está de acuerdo consigo mismo; pero todo lo demás está manchado de mil conceptos erróneos.

Después de dos años, el hermano C. R. abandonó la ciudad de Fez, y zarpó llevando muchas cosas valiosas hacia España, esperando (que como) él mismo había empleado el tiempo en ese viaje de manera tan buena y provechosa, los doctos de Europa se regocijarían mucho con él y comenzarían a reglamentar y ordenar todos sus estudios según esas bases tan firmes y seguras. Se entrevistó pues con los sabios de España, demostrándoles los errores de nuestras artes y cómo era posible corregirlos, y de dónde podían reunir los verdaderos Indicia del porvenir, y en qué éstos debían estar de acuerdo con las cosas del pasado; también cómo los errores de la Iglesia y toda la Philosophia Moralis tenían que corregirse. Les mostró nuevas plantas, nuevos frutos y animales, que concordaban con la antigua filosofía, y les prescribió nuevos Axiomata, mediante los cuales todas las cosas podían ser completamente restauradas. Pero ellos se rieron de esto: y siendo una cosa nueva, temieron que su gran nombre sufriera merma si volvían a comenzar a estudiar, reconociendo sus errores de tantos años, a los cuales estaban acostumbrados y con los cuales habían tenido bastantes ganancias. Que se corrija quien tanto amaba la inquietud.

La misma canción también le fue cantada por otras naciones, lo cual lo impresionó más porque era contrario a sus esperanzas, ya que por entonces estaba dispuesto a dispensar copiosamente todas sus artes y secretos a los doctos, si sólo hubiesen accedido a poner por escrito los verdaderos e infalibles Axiomata de todas las facultades, ciencias, artes y de la naturaleza entera, como algo que él bien sabía que los dirigiría como un globo o un círculo al único punto medio yCentrum, y que (como es común entre los árabes) sólo les serviría de regla a los doctos y a los ilustrados. Que haya también en Europa una Sociedad que tenga oro, plata y piedras preciosas suficientes para conferirlos a los reyes para lo que necesiten y con propósitos lícitos; con lo que se puede educar a los que estén destinados a gobernar, para que aprendan todo lo que Dios le ha permitido saber al hombre, y para que así sean capaces de dar consejo siempre que se necesite a los que lo busquen, como los oráculos paganos. Verdaderamente tenemos que confesar que en esos días el mundo ya estaba preñado de esas grandes conmociones, y con dolores estaba por parirlas; y nacieron los hombres sensibles y de valor, que con toda fuerza irrumpieron en la oscuridad y la barbarie, y que nos dejaron a nosotros sus sucesores para que siguiéramos su ejemplo; y seguramente ellos fueron el punto más alto in trigono igneo, cuya flama debería ser ahora más y más brillante, y dar indudablemente al mundo la última luz.

Por su vocación y profesión, uno de éstos fue Teofrasto (Paracelso), aunque no fue de nuestra fraternidad, de todos modos leyó diligentemente el libro M, que exaltó su agudo ingenium; pero la marcha de este hombre también fue obstaculizada por la multitud de eruditos y falsos sabios, de manera que nunca pudo hablar pacíficamente con nadie sobre el conocimiento y comprensión que tenía acerca de la naturaleza. Y por ello en sus escritos más bien se burlaba de estos grupos de entrometidos, y nunca se reveló completamente a ellos tal como era; y sin embargo en él se encuentra muy arraigada la ya mencionada Harmonia, que sin duda alguna habría compartido con los doctos, si no los hubiera considerado más bien dignos de ser sutilmente reprendidos que instruidos en mayores artes y ciencias; luego perdió mucho tiempo viviendo libremente y sin preocupaciones, dejando al mundo sus necios placeres.

Pero no olvidemos a nuestro amante padre; el hermano C. R., después de muchos penosos viajes y de tratar de enseñar la verdad sin obtener ningún resultado, regresó a Alemania, a la cual (por los cambios que poco después sobrevendrían y de las extrañas y peligrosas disensiones) amaba con todo su corazón. Allí podría haber hecho alarde de su arte y especialmente de la transmutación de los metales, pero estimaba más al Cielo y a sus ciudadanos, al Hombre que a las vanas glorias y pompas.

De todos modos se construyó una habitación adecuada y bonita, en la cual meditó sobre su viaje y su filosofía, que expresó juntos en un escrito que es una verdadera reliquia. En esta casa dedicó mucho tiempo a las matemáticas y construyó muchos instrumentos magníficos, ex omnibus hujus artis partibus, de los cuales poco nos queda, como entenderéis por lo que sigue. Después de cinco años, le volvió a la mente el deseo de reforma, y al respecto no confiaba en la ayuda y auxilio de otros; y como él era esmerado, vigoroso e incansable, se dispuso a emprenderla con unos cuantos que se le unieron. Deseaba contar con la colaboración para este fin de tres de sus hermanos del primer monasterio (al que le tenía un gran afecto), llamados el hermano G. V., el hermano J. A. y el hermano J. O.; éstos, además, tenían un conocimiento un poco mayor de las artes que lo que en ese tiempo era común, por esto los unió a él comprometiéndolos a que fueran leales y diligentes, y a que guardaran secretos, así como también a que con todo cuidado pusieran por escrito todo lo que él les indicara y les enseñara, para que en el futuro los que por una especial revelación fueran admitidos a esta fraternidad no se engañaran ni respecto a una palabra ni a una sílaba.

De esta manera comenzó la Fraternidad de la Rosa Cruz, primero únicamente con cuatro personas, que elaboraron la escritura y el lenguaje mágicos, con un gran diccionario que todavía usamos diariamente para alabar y glorificar a Dios, y en él encontramos una gran sabiduría: también hicieron la primera parte del libro M. Pero como esta labor era demasiado difícil y la inefable ayuda a los enfermos les exigía mucho esfuerzo, y también mientras se terminaba el nuevo edificio (llamado Sancti spiritus), decidieron atraer y recibir a otros en su fraternidad: para esto fue escogido el hermano R. C., hijo del hermano de su difunto padre, el hermano B., hábil pintor, G. y P. D. su secretario, todas ellos alemanes excepto J. A., de modo que eran ocho en total, todos solteros y con voto de virginidad; éstos reunieron en un libro o volumen todo lo que el hombre puede desear querer o esperar.

Aunque hoy podemos admitir libremente que dentro de unos cien años el mundo estará mucho mejor que hoy, tenemos sin embargo la seguridad de que nuestrosAxiomata permanecerán irremoviblemente hasta el fin del mundo, y también de que el mundo, en su edad más alta y última, no llegará a ver ninguna otra cosa; porque nuestra Rota tuvo su origen aquel día en que Dios dijo fiat, y terminará cuando diga pereat, pero el reloj de Dios da los minutos, mientras los nuestros apenas dan las horas completas. También creemos firmemente que si nuestros hermanos y padres hubiesen vivido bajo la clara luz que ahora nos ilumina, habrían tratado con menos miramientos al Papa, a Mahoma, a los escribas, artistas y sofistas, y habrían demostrado ser más activos no sólo con suspiros y con el deseo de que terminen y se consuman.

Cuando estos ocho hermanos hubieron dispuesto y ordenado todo de modo que ya no fuera necesario realizar grandes trabajos, y cuando estuvieron suficientemente instruidos y eran perfectamente capaces de discurrir sobre la filosofía secreta y manifiesta, ya no quisieron seguir juntos, sino que como habían acordado en un principio se separaron y se dirigieron a distintos países, no sólo para que susAxiomata fueran examinados en secreto más profundamente por los doctos, sino también para que ellos mismos, si acaso en algún país observaban algo o advertían algún error, se informaran entre sí.

Su pacto era el siguiente: Primero, que ninguno de ellos profesara ninguna otra cosa que el cuidado de los enfermos, y esto gratis. 2. Nadie en la posteridad debía ser obligado a vestirse con un cierto hábito, sino que seguiría la costumbre del país. 3. Que todos los años en el día C. se reunieran en la casa S. Spiritus, o escribieran para explicar la causa de su ausencia. 4. Todo hermano debía buscar a una persona valiosa que después de su muerte pudiera ocupar su lugar. 5. La palabra C. R. sería su sello, marca y distintivo. 6. La fraternidad permanecería secreta durante cien años. Se comprometieron unos con otros a cumplir estos seis artículos, y cinco de los hermanos partieron, quedándose únicamente los hermanos B. y D. con el padre Fra. R. C. durante un año entero, al término del cual también ellos partieron. Se quedaron con él su primo y el hermano J. O. para que tuviera consigo todos los días de su vida a dos de sus hermanos. Y aunque hasta entonces la Iglesia todavía no había sido limpiada, sabemos que de todos modos pensaban en ella y en lo que buscaban con anhelante deseo. Todos los años se reunían con júbilo, y elaboraban un documento completo de todo lo que habían hecho; con seguridad era un gran placer escuchar verdaderamente y sin invenciones relativas y ensayadas todas las maravillas que Dios había dispensado en todas partes del mundo. Todos pueden estar seguros de que las personas enviadas y reunidas por Dios y los cielos, escogidas entre los hombres más sabios que han existido en diversas épocas, vivían juntas por encima de los demás en la más alta unidad, el mayor secreto y una suma gentileza de unos con otros.

Después de pasar la vida de esta manera tan encomiable, y aunque estaban libres de toda enfermedad o dolor, sin embargo no podían vivir más tiempo del que Dios les había asignado. El primero de la fraternidad que murió, por cierto en Inglaterra, fue J. O., como mucho antes se lo había anunciado el hermano C.: era muy experto y versado en la cábala, como demuestra su libro llamado H. En Inglaterra se habla mucho de él, principalmente porque curó de lepra al joven conde de Norfolk. Se habían propuesto que el lugar de su sepultura se conservara lo más secreto posible, y aunque hasta el día de hoy no sabemos qué fue de algunos de ellos, sin embargo, el lugar de cada uno fue ocupado por un sucesor idóneo. Pero aquí confesaremos públicamente, para honrar a Dios, que cualesquiera que hayan sido los secretos que aprendimos en el libro M. (aunque contemplamos ante nuestros ojos la imagen y el esquema de todo el mundo), no por ello nos fueron reveladas allí nuestras desgracias. ni la hora de nuestra muerte, que sólo son conocidas por Dios mismo, y que por ello quiere que siempre estemos listos. Pero acerca de esto hay más en nuestra Confesión, donde expresamos las 37 razones por las que no damos a conocer nuestra fraternidad ni exponemos tan altos misterios, sin coacción ni recompensa. También prometemos más oro del que ambas Indias mandan al rey de España, pues Europa está encinta y dará a luz un hijo fuerte, que tendrá necesidad de tener un gran padrino.

Después de la muerte de J. O. el hermano R. C. no descansó, y tan pronto como pudo convocó a todos los demás, (y suponemos) entonces fue hecha su tumba. Aunque hasta ese momento nosotros (que éramos los últimos) no sabíamos cuándo había muerto nuestro amante padre R. C., y de los fundadores no sabíamos más que sus nombres y los de todos sus sucesores, no obstante esto en nuestra memoria apareció un secreto, el cual por medio de palabras oscuras y ocultas y discursos de los 100 años, el hermano A., sucesor de D. (que formaba parte de la segunda y última línea y sucesión y que había vivido entre muchos de nosotros), nos comunicó sobre la tercera línea y sucesión. Pues por lo demás tenemos que confesar que después de la muerte del mencionado A., ninguno de nosotros sabía nada acerca del hermano R. C. ni de sus primeros seguidores, más que lo que de ellos se decía en nuestra Bibliotheca filosófica, en la cual se considera nuestros Axiomata, la obra más prominente, Rota Mundi la más artificial y Protheus la más útil. De la misma manera, tampoco sabemos a ciencia cierta si los de la segunda línea fueron de una sabiduría semejante a los de la primera, ni si se les admitía a todas las cosas. En adelante haremos conocer al gentil lector no solamente lo que hemos sabido sobre el entierro de R. C., sino que también revelaremos públicamente por la providencia, indulgencia y mandamiento de Dios, a quien obedecemos con la mayor fidelidad, que si obtenemos una respuesta discreta y cristiana no tendremos ningún temor de imprimir y publicar nuestros nombres y apellidos, nuestras reuniones o cualquiera otra cosa referente a nosotros que se nos pregunte.

Pues la verdadera y fundamental relación de los descubrimientos del altamente iluminado hombre de Dios Fra C. R. C. es ésta. Cuando A. murió en la GalliaNarbonensis, lo sucedió nuestro amoroso hermano N. N. Éste, después de acudir a nosotros para hacer el juramento solemne de fidelidad y de secreto, nos informóbona fide que A. lo había consolado anunciándole que esta fraternidad ya no seguiría estando tan oculta, sino que debía ayudar a toda la nación alemana, lo que la alegraría por serle muy necesaria; de lo cual de ninguna manera en su condición se avergonzaba. Al año siguiente, terminados sus estudios, decidió dedicarse a viajar contando con suficientes medios para hacerlo gracias al caudal de Fortunato, y pensó (ya que era un buen arquitecto) hacerle algunas modificaciones a su edificio para que fuera más adecuado. Durante dichos trabajos de renovación encontró la placa conmemorativa fundida en bronce que contenía los nombres de todos los hermanos y otras cuantas cosas. La trasladó a otra cripta, más adecuada, pues la fecha y el lugar de la muerte de Fra. R. C., y el país en que fue enterrado son cosas que desconocemos porque nuestros predecesores nos las ocultaron. En aquella placa estaba clavado un gran clavo bastante fuerte, de manera que al sacarlo por la fuerza salió con él una piedra regularmente grande de la delgada pared, o aplanado, de la puerta oculta, y así, sin haberla buscado, descubrió la puerta. Entonces, llenos de alegría y anhelantes, echamos abajo el resto del muro y despejamos la puerta, en la que estaba escrito con letras grandes Post 120 annos patebo, y abajo el año del Señor. Luego dimos gracias a Dios y dejamos la cosa por la paz esa noche, porque queríamos primero ver lo que decía nuestra Rota. Pero volvemos a referirnos a la Confesión, pues lo que aquí publicamos tiene el objeto de ayudar a los que son dignos de ello, mientras que a los que no se lo merecen les resultará (Dios mediante) de muy poco provecho. Porque así como después de muchos años nuestra puerta fue prodigiosamente descubierta, así se abrirá una puerta ante Europa (cuando se elimine el muro) que ya empieza a aparecer, esperada por muchos con un vehemente deseo.

A la mañana siguiente, abrimos la puerta y ante nuestra vista apareció una cripta con siete paredes y siete rincones, siendo cada lado de cinco pies de ancho y la altura de ocho pies. A pesar de que a esta cripta nunca entraban los rayos del Sol, con todo y todo era iluminada por otro sol, que había aprendido a hacerlo del mismo sol, y que se encontraba en la parte alta del centro del techo. En medio, en lugar de una tumba había un altar redondo cubierto con una placa de latón, en la que estaba grabado lo siguiente:

A. C. R. C. Hoc universi compendium unius mihi sepulchrum feci.(3)


Alrededor del primer círculo o canto, decía:

Jesus mihi omnia.(4)


En medio había cuatro figuras, circunscritas por círculos donde alrededor decía:

                                                1  Nequaquam vacum.
                                                2  Legis Jugum.
                                                3  Libertas Evangelii.
                                                4  Dei gloria intacta.(5)


Todo esto es claro y diáfano, como también los siete lados y los dos Heptagoni; de manera que nosotros nos arrodillamos totalmente y dimos gracias al único sabio, único poderoso y único eterno Dios, que nos había enseñado más de lo que todo el ingenio de los hombres habría podido comprender, bendito sea su santo nombre. Dividimos esta cripta en tres partes, la parte alta o techo, las paredes o lados y el suelo o piso.

De la parte alta no comprenderéis nada más en este momento, sólo que estaba dividida según los siete lados en un triángulo, que estaba en el centro brillante;(6)pero lo que allí está contenido, con la voluntad de Dios, vosotros (los que deseáis tener contacto con nosotros) lo contemplaréis con vuestros propios ojos: y cada lado o pared está dividido en diez figuras, cada una de ellas con diversas figuras y frases, como fielmente se expone y muestra concentratum aquí en nuestro libro.

El piso también está dividido en forma de triángulo,(7) pero como allí se describe el poder y el dominio de los gobernadores inferiores, nos abstenemos de manifestar esto mismo por temor a que el mundo malvado e impío haga mal uso de ello. Sin embargo, los que poseen en abundancia el antídoto celestial sin miedo ni daño pisotean y magullan la cabeza de la vieja y malvada serpiente, para lo cual nuestra época tiene mucha capacidad. Cada lado o pared tenía una puerta o armario, dentro del cual había diversas cosas, especialmente todos nuestros libros. que ya teníamos. Además del Vocabular de Theoph: Par. Ho.(8) y los que todos los días nosotros participamos sin falsificación.(9) También encontramos allí suItinerarium y vitam, de donde ha sido tomada la mayor parte de la presente relación. En otro armario había espejos de diversas virtudes, y también en otro lugar había campanitas, lámparas y principalmente unas maravillosas canciones artificiales, en general todas ellas hechas para el fin de que si sucedía, después de muchos cientos de años, que la orden o fraternidad se extinguiera, fuera posible restablecerla de nuevo sólo por medio de esta cripta.

Pero como hasta entonces no habíamos visto el cadáver de nuestro prudente y sabio padre, hicimos a un lado el altar, levantamos luego una fuerte placa de latón y encontramos un cuerpo bello y respetable, entero e intacto, como el que aquí se representa vívidamente con todos sus ornamentos y atavíos. En la mano tenía un libro de pergamino, llamado I., el cual después de la Biblia es nuestro mayor tesoro, que debería darse a conocer al mundo. Al final de este libro figura el siguiente Elogium:

Granum pectori Jesu insitum.

C. Ros. C. ex nobili atque splendida Germaniae R. C. familia oriundus, vir sui seculi divinis revelationibus subtilissimis imagi­ nationibus, indefessis laboribus ad coelestia, atque humana mysteria; arcanave admissus posiquam suam (quam Arabico, & Africano itineribus Collegerat) plusquam regiam, atque imperatoriam Gazam suo seculo nondum convenientem, posteritati eruendam custodivisset & jam suarum Artium, ut & nominis, fides acconjunctissimos herides instituisset, mundum minitum omnibus motibus magno illi respodentem fabricasset hocque landem preteritarum, praesentium, & futurarum, rerum compendio extracto, centenario maior non morbo (quem ipse nunquam corpore expertus erat, nunquam alios infestare sinebat) ullo pellente sed spiritu Dei evocante, illuminatam animam (inter Fratrum amplexus & ultima oscula) fidelissimo creatori Deo reddidisset, Pater dilectissimus, Fra: suavissimus, praeceptor fidelissimus, amicus integerrimus, a suis ad 120 annos his absconditus est.(10)


Abajo firmaban los siguientes,

 

                      1  Fra. I. A., Fr. C. H. electione Fraternitatis caput (11)
                      2  Fr. G. V. M. P. C.
                      3  Fra. R. C. Junior haeres S. Spiritus
                      4  Fra. B. M., P. A, Pictor & Architectus
                      5  Fr. G. G. M. P. I. Cabalista

Secundi Circuli

                      1  Fra. P. A. Successor, Fr. I. O. Mathematicus
                      2  Fra. A. Successor Fra. P. D.
                      3  Fra. R. Successor patris C. R. C. cum Christo triumphant.(12)


Al final decía,

Ex Deo nascimur, in Jesu morimur, per spiritum sanctum reviviscimus. (13)


Ya para entonces habían muerto el hermano I. O. y Fra. D., pero ¿dónde están sus tumbas? No dudamos que también para nuestro Fra. mayor se puso alguna cosa especial sobre la tierra, y tal vez también oculta de la misma manera. También esperamos que nuestro ejemplo incite a otros a investigar sus nombres (que para ello ya hemos hecho públicos) con mayor diligencia y a buscar sus tumbas; pues en su mayor parte se conocen por su práctica y ciencia, y se les elogia entre la gente muy vieja; así quizá se agrandará nuestra Gaza o por lo menos será mejor conocida.

Respecto al Minutum Mundum, lo encontramos colocado en otro pequeño altar, más bello de lo que pudiera imaginario un hombre de gran inteligencia, pero no vamos a describirlo, hasta que en verdad recibamos la respuesta a nuestra lealFama. Y por esto volvimos a cubrirlo con las placas, y encima colocamos el altar, cerramos las puertas y las aseguramos con todos nuestros sellos. Además, por instrucciones y órdenes de nuestra Rota, fueron vistos unos libros, entre ellos M. (que fue hecho por el laudable M. P., en lugar de trabajos domésticos). Por último nos separamos unos de otros, y dejamos a los herederos naturales en posesión de nuestras joyas. Y así, quedamos en espera de la respuesta y del juicio de los que saben, o de los que no saben.

El hecho es que sabemos que ahora, dentro de algún tiempo, habrá una reforma general tanto de las cosas divinas como de las humanas, según nuestro deseo y las esperanzas de otros. Porque conviene que antes de que el sol surja aparezca y brille en el cielo la aurora, o sea una claridad o luz divina. Y así entre tanto unos cuantos hombres, que darán sus nombres, pueden unirse para aumentar el número y el respeto a nuestra fraternidad, para dar un feliz principio a nuestros esperadosCánones Filosóficos, preceptos que nos impuso nuestro hermano R. C., para compartir con nosotros nuestros tesoros (que nunca pueden agotarse ni desperdiciarse) y recibir alivio de las fatigas de este mundo con toda humildad y amor, y para no caminar tan ciegamente en el conocimiento de las prodigiosas obras de Dios.

Pero también para que todo cristiano sepa qué religión y creencias profesamos, declaramos tener conocimiento de Jesucristo (como ahora y en los últimos tiempos se profesa más nítida y puramente, en particular en Alemania, donde actualmente está limpio y libre de gente desviada, de herejes y de falsos profetas), tal como se sostiene. defiende y propaga en ciertos países bien conocidos. También tenemos dos Sacramentos, tal como fueron instituidos junto con todas las formas y ceremonias de la primera Iglesia reformada. En Politia reconocemos al Imperio Romano y la Quartam Monarchiam como nuestra cristiana cabeza, aunque sabemos que son inminentes algunos cambios, y de buena gana y con todo el corazón compartiríamos los mismos con otros hombres doctos temerosos de Dios; a pesar de los manuscritos que tenemos en nuestras manos, nadie (solamente Dios) puede hacer que se conozcan comúnmente, y ninguna persona de poco valor puede reprochárnoslo. Pero secretamente ayudaremos a tan buena causa, según que Dios nos lo permita o nos lo impida. Porque nuestro Dios no es ciego, como la Fortuna pagana, sino que es el ornamento de la Iglesia y el honor del Templo. Tampoco nuestra Filosofía es un invento nuevo, sino que está tal como Adán la recibió después de su caída, y como la emplearon Moisés y Salomón. No contiene mucho que pueda ser puesto en duda, ni contradicho por otras opiniones o significados, sino que considera que la verdad es pacífica, breve y siempre igual a sí misma en todas las cosas, y que está especialmente de acuerdo con Jesus in omni parte y con todos los miembros. Y como él es la verdadera Imagen del Padre, así ella es su Imagen. Que no se diga que esto es cierto según la filosofía, sino que es cierto según la teología.(14) Y en ella se distinguieron Platón, Aristóteles, Pitágoras y otros, y fueron excelentes Enoc, Abraham, Moisés y Salomón, y especialmente en lo que ese maravilloso libro que es la Biblia confirma. Todo esto mismo concuerda y forma una esfera o globo cuyas partes totales son equidistantes del centro, como se dirá más general y abiertamente en una reunión de cristianos.

Ahora bien (y principalmente en nuestra época) acerca de la impía y maldita fabricación de oro, se ha hecho tan común que bajo su apariencia muchos vagabundos y bellacos cometen grandes villanías, engañan y abusan de la confianza que se les da. Pues sí, actualmente los hombres discretos consideran que la transmutación de los metales es el punto más alto y fastigium de la filosofía, tal es toda su intención y deseo, y que estimen altamente a Dios y lo honren, lo cual puede producirles una gran cantidad de oro, y en abundancia; esto lo tratan de obtener del omnisciente Dios y buscador de todos los corazones con plegarias no premeditadas. Por consecuencia, damos aquí testimonio de que los verdaderos filósofos son de una opinión muy distinta, pues estiman muy poco la fabricación de oro, que no es más que un parergon; porque aparte de esto tienen mil cosas mejores.

Y con nuestro amoroso padre R. C. C. decimos Phy: aurum nisi quantum aurum, porque en ellos se percibe la naturaleza entera: no se regocija de poder fabricar oro, ni de que, como dijo Cristo, los diablos le obedezcan; sino que se alegra de ver abiertos los cielos, y a los ángeles de Dios que suben y bajan, y su nombre escrito en el Libro de la Vida. También damos fe de que bajo el nombre de Química se publican muchos libros y estampas en Contumeliam gloriae Dei, y de que cuando sea oportuno diremos cuáles son y daremos a los hombres de corazón puro un catálogo o registro de ellos. Y rogamos a todos los hombres estudiosos que tomen en serio esta clase de libros; porque el enemigo nunca descansa y siempre anda sembrando sus malas yerbas, hasta que una más fuerte la desarraigue. Y así, según la voluntad y la intención de Fra C. R. C., nosotros, sus hermanos, una vez más pedimos a todos los sabios de Europa que lean nuestrasFamam y Confessionem (publicadas en cinco idiomas), que tengan la bondad de tomar en cuenta con mucha seriedad nuestro ofrecimiento, que analicen con mayor cuidado y agudeza sus artes, que contemplen el tiempo presente con toda diligencia y que hagan pública su opinión, ya sea communicatio consilio osingulatim, por medio de una publicación.

Y aunque en este momento no mencionamos ni nombres ni reuniones, sin embargo la opinión de todos seguramente llegará a nuestros oídos en un lenguaje o en otro; y nadie que así dé su nombre fracasará, sino que hablará con algunos de nosotros, ya sea por palabras dichas o, si se puede, escritas. Y esto lo decimos como verdad, que quienquiera que nos tenga afecto de veras y desde dentro de su corazón, le hará bien a él en cosas, cuerpo y alma, pero quien tenga un corazón falso o sólo ambición de riquezas, en primer lugar no podrá de ninguna manera ni modo hacernos daño, sino que él mismo caerá en la ruina más absoluta y será destruido. También nuestro edificio (aunque cien mil personas lo hubiesen visto de cerca y contemplado) permanecerá para siempre sir ser tocado ni destruido, y oculto al mundo perverso.
 

SUB UMBRA ALARUM TUARUM JEHOVA